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Viviendo la calle

21-06-2017

Es escucharlo pero también leerlo. Es una de las personas que nunca se queda sin palabras en su boca pero también en sus manos al momento de llevarlas a la escritura. Abel Bruno presentó días atrás su nuevo trabajo literario titulado “Ayacucho: Cuentos que no son cuento”, una ficción basada en la realidad, un compendio de historias que variaron una vez arribadas a la literatura, pero que tienen una veracidad que llevará a los lectores a rememorarlas, a pensarlas y buscarle protagonistas de piel y hueso. El último libro de Abel, el 8º en su cuenta personal convirtiéndose en uno de los ayacuchenses que más aporte ha realizado a nuestra literatura, fue presentado hace unos días en el salón de eventos de la Sociedad Italiana con la presencia de autoridades como también personalidades allegadas al escritor y periodista. “Fue un breve acto, y luego sí nos quedamos hablando un largo rato” dijo el protagonista. Sobre lo que es puntualmente el libro “Ayacucho: Cuentos que no son cuento”, Bruno señaló que “se dio producto de innumerables anécdotas que circulaban de un lado para el otro, que andaban dispersas o por comentarios, que fueron sucediendo a otras personas y otras generaciones. Además, sobre esto fui tomando una visión de numerosos convecinos que conocí o me contaron. Cambié fechas en la mayoría de los casos, cambié nombres, lugares para no herir susceptibilidades y los fui amoldando a un cuento, dejando librado para el lector el uso de la imaginación, para ubicarse en el lugar, en el momento y en lo sucedido”, expresó el escritor haciendo un alto en la huella en su rol de periodista del Diario La Verdad. Y si bien se trata de un trabajo de anécdotas, alguna de esas historias ya empezó a generar otras: “A las pocas horas de estar el libro en la calle me llamó una convecina y me dijo -la nota de la confitería fue mi marido, y no sabés como te lo agradezco”, contó el escritor. Bruno es una de esas personas que escribe por placer, en relación a esta actividad dijo: “A mí me gusta escribir y también imaginarme cosas. Desde muy chico, cuando andaba repartiendo en la calle, me pasaba de largo muchas veces de los suscriptores porque iba pensando en aventuras, en cosas que se venían a la mente. La vida que yo llevé tiene mucho de la calle, vagabundeando con los amigos, viviendo la calle, eso me permitió desarrollar la imaginación y después trato de plasmarla en palabras”. El grabador se detiene pero él hilvana con una nueva historia, y otra y otra. Parece que conoce a todo el pueblo y…de hecho…conoce a todo el pueblo como consecuencia de toda una vida bien en la calle, junto a la gente.

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